En tierra de peregrinos
se condensa una manifestación honrosa.
Caen estrellas de confines astrales
por los senderos de olivo.
Se acercan frailes con cipreses y pinos,
adornando el camino para el caballero sin máscara,
sin escudo y sin espada.
A la llegada en cabalgata de intensos triunfadores,
cientos de estrellas recaen sobre ellos: mosto de uva por la buena nueva,
escuchando a trovadores de casta añeja,
los que regalan voces tiernas,
voces líricas de poetas,
voces del medio día cantando la razón de ser.
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